¡Nos han dado el Nobel! Anne Carson, Premio Nobel de Literatura 2026
https://elpais.com/cultura/2026-10-08/premio-nobel-de-literatura.html
“Publicó su primer poemario a los 42 años cuando ya era doctora en filología clásica”.
De un ensayo de Anne Carson tengo unos apuntes para las clases de pensamiento clásico de mi ya extinta vida laboral, que me parece vienen hoy día muy a pelo:
La actividad de las escuelas filosóficas se desarrollaba en los gimnasios o lugares públicos donde se reunían para escuchar las conferencias o participar en las discusiones. Estaban abiertas al público, e incluso del núcleo de sus discípulos podían formar parte las mujeres; para la mayoría de los filósofos era cuestión de honor impartir conferencias en las diferentes escuelas sin percibir honorarios, pues los recursos con que se mantenían eran propios o provenientes de bienhechores.
Este rasgo de la actividad filosófica que no prioriza, en principio, el interés económico, por lo demás, consustancial al trabajo humano (feliz aquel que no haya experimentado aún la maldición bíblica: in sudore uultus tui uesceris pane, Biblia Vulgata. Génesis. 3.19 “comerás el pan con el sudor de tu frente”), remonta su origen a una época en la que los bienes no son cuantificados y la ganancia no es la finalidad del commercium entre los hombres: la Grecia arcaica desconfiaba del dinero, de ahí la mala reputación de Simónides, que profesionalizó la poesía (Carson 2020).
Anne Carson, Economía de lo que no se pierde. De Simónides de Ceos a Paul Celan [Economy of the Unlost. Reading Simonides of Keos with Paul Celan. 1999], trad. Jeannette L. Clariond, Madrid: Vaso Roto, 2020.
Este Simonides Lyricus [Simon.] vi/v B.C. Ed. T. Bergk, PLG iii p. 382, es confundido con Semónides de Amorgos, Semonides Iambographus [Semon.] vii/vi B.C. (?) Ed. T. Bergk, PLG ii p. 441 (ubi perperam 'Simonides'), autor de una de las composiciones poéticas, por así decir, ejemplo, malo, de misoginia: Manuel Rabanal Álvarez, «El ‘Yambo de las mujeres’, de Semónides de Amorgos», Durius, 1, 1973, pp. 9-22.
En espíritu, la xenia es enfáticamente no mercantil: los bienes no se miden, la ganancia no es la finalidad. (Recordemos a Publilio Siro, un esclavo autor de mimos (en realidad, un tuitero) contemporáneo del dictador Julio César: El lucro no puede darse sin perjuicio del prójimo (digamos) > Lucrum sine damno alterius fieri non potest). De hecho, la finalidad es contraer una deuda. El fin de la economía de dones es la acumulación con fines de desacumulación; la economía de dones es ante todo una economía de deuda, cuyos actores buscan maximizar las salidas. El sistema puede describirse como un “desequilibrio alternado”, cuyo fin nunca es “saldar” sus deudas sino preservar una situación de endeudamiento personal.
La Grecia antigua desconfiaba del dinero. De ahí la mala reputación de Simónides, que profesionalizó la poesía (Carson 2020), o prefiguró el copyright, mucho antes que nuestro Elio Antonio de Nebrija.