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José Solís de los Santos, «Dis aliter visum (En torno a un lamento por la injusticia de la vida)», en: Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gascó, A. J. de Miguel Zabala, F. E. Álvarez Solano, J. San Bernardino Coronil (eds.), Sevilla: Kolaios 4, 1996, II, pp. 705-709. ISBN: 84-922394-2-5 <https://www.academia.edu/12275997>. ISBN: 978-84-922394-0-5 (obra completa).

            El título de esta colaboración dedicada a la memoria de Fernando Gascó pertenece al libro de la Eneida en que Eneas evoca el dolor inefable de la última noche de Troya, cuando éste, con unos pocos conciudadanos, Andrógeo, Hípanis, Corebo, Dimas, Rifeo, Panto, que se han disfrazado con las armas enemigas, logran abrirse paso entre los invasores. Delatados por impulsiva maniobra, se ven hostigados por los suyos, que los confunden con griegos, sufren el acoso de los que antes pusieron en fuga, van sucumbiendo uno a uno quienes se confiaron al camuflaje enemigo:

                        Cadit et Ripheus, iustissimus unus

                        qui fuit in Teucris et servantissimus aequi

                        (dis aliter visum) Verg. Aen. 2.428.

[Cae también Rifeo, el hombre más justo que hubo entre los teucros, dechado de equidad; mas otro fue el parecer de los dioses.[1]]

            Esta observación parentética ha sido atribuida por la crítica a una intervención del pensamiento personal del autor en la narración, como también se puede leer en otro de los más intensos episodios de la Eneida, tras la muerte de Niso y Euríalo (Fortunati ambo! si quid mea carmina possunt, / nulla dies umquam memori vos eximet aevo. Verg. Aen. 9.446), o aquellos tres versos de Geórgicas en los que, como en un meláncolico acorde de paso, traslada hasta la profunda realidad humana el asunto ocasional del cuidado de la reproducción las bestias (Verg. Geor. 3.67): /p. 706/

                        Optima quaeque dies miseris mortalibus aevi
                        prima fugit: subeunt morbi tristisque senectus
                        et labor, et dirae rapit inclementia mortis.
            [Los mejores días de la vida huyen los primeros de los desgraciados mortales: sobrevienen las enfermedades y la triste vejez y la fatiga, y la fatalidad de una muerte inexorable nos arrebata.]

            En esta especie de cuñas de intervención personal expresa una doliente simpatía por los vencidos, contraponiendo el sino fatal de los individuos con el optimismo teórico que ve en el devenir humano un destino de paz y concordia plasmado en la nueva edad de oro que representa la política de Augusto[2].

            En concreto, esta expresión que nos ocupa no aparece por primera vez en Virgilio. Remonta a Homero (Od. 1.234), cuyo hexámetro se clausura con una evidente declaración de reproche a la divinidad:

νῦν δ'ἑτερως ἐβόλοντὸ θεοὶ κατὰ μητιόωντες

            Son palabras de Telémaco que expone la mudanza de la suerte de su padre Ulises, otrora opulento y respetado, «mas ahora, de otro modo lo decidieron los dioses, tramando males». Ya los comentaristas antiguos de Homero detectaron el matiz eufemístico del adverbio:

            ἑτερως, id est, aliter, pro non bene per euphemismum. Id ipsum Eustathius[3] observat, et Homerum ait urbane locutum qui Deos dixerit aliter statuisse pro non bene statuisse. Ergo sententia Virgilii erit, Diis aliter visum, id est, Diis non bene visum. Nam videlicet iratis diis adversum Troiam, non visa est digna praemio sanctitas et iustitia Riphei ac pro maleficio multata est virtus.[4]

            [Hetéros, esto es, ‘de otra manera’, en vez de ‘no bien’, por eufemismo. Esto mismo observa Eustacio y afirma que Homero se expresó con elegancia cuando dijo que ‘de otro modo decidieron los dioses’ en vez de ‘no decidieron bien’. Así pues, será un sentimiento de Virgilio ‘a los dioses les pareció de otro modo’, esto es, ‘a los dioses no les pareció bien’. Pues, desde luego, estando los dioses encolerizados contra Troya, no pareció digna de premio la santidad y justicia de Rifeo, y como una fechoría fue castigada su virtud.]

            En la literatura romana aparecen otros testimonios de esta expresión que, con ligeras variantes, denota la voluntad inexorable de los dioses, bien con la aceptación de quien la profiere: sic visum Veneri (Hor. carm. 1.33.10); ita deinde dis visum (Liv. 1.10.7); sic visum superis (Ov. met. 1.366); Dis visum turbare domos, nec pectora culpa / nostra vacant (Stat. Theb. 5.57); bien con el lamento implícito que subyace cuando hay negación en el elemento adverbial: velim [...] meliora sint; sin aliter, quod di omen avertant, [...] dolebo (Cic. ad Brut. 1.10.5); felix dicebar eramque; Non ita dis visum est, aut nunc quoque forsitan essem (Ov. met.7.699); Haec mea sic quondam peragi speraverat aetas; / hos ego sic annos ponere dignus eram: Non ita dis visum, qui me terraque marique / actum Sarmaticis exposuere locis /p. 707/ (Ov. trist. 4.8.15); y calcada de la frase virgiliana, encontramos dicha expresión en el patético discurso que Livio pone en boca de un traidor a Roma, el capuano Vibio Virrio: quoniam aliter dis immortalibus est visum, cum mortem ne recusare quidem debeam (Liv. 26.13.14).

            Séneca glosa la expresión virgiliana en una epístola donde se extiende sobre la manida cuestión estoica de la resignación ante los vaivenes de la fortuna y ofrece un “ensalmo” más eficaz y adecuado para encajar lo que el futuro nos depare.

            Confiteberis, nihil ex his optabilibus et caris utile esse, nisi te contra levitatem casus rerumque casum sequentium instruxeris, nisi illud frequenter et sine querella inter singula damna dixeris: ‘dis aliter visum’. immo mehercules ut carmen fortius ac iustius petam, quo animum tuum magis fulcias, hoc dicito, quotiens aliquid aliter quam cogitabas evenerit: ‘di melius’. (Sen. ep. 98.4-5)

            [Confesarás que nada de estas cosas deseables y queridas resulta útil si no te aprestas contra la liviandad del acaso y de las circunstancias que siguen al acaso, si no te repites frecuentemente y sin queja en cada una de las desgracias aquello de que ‘a los dioses les pareció de otro modo’. Más aún, por Hércules, para buscar un ensalmo más valeroso y más justo con que afianzar más tu alma, cada vez que suceda algo de manera distinta de la que pensabas, di esto: ‘mejor lo dispusieron los dioses’.]

            En la fórmula di melius se sobreentiende verterunt, modalidad declarativa como la emplea también su sobrino Lucano (2.537 y 3.93), y antes Propercio (4.6.65); pero es más habitual la formulación optativa, di melius vertant, como en Plauto (Cas. 813, Mer. 285, Ps. 315), Ovidio (am. 2.7.19, ars 2.388, Rem. 439, Her. 3.125, met. 9.497, trist. 5.14.23), equivalentes a esas expresiones nuestras, llenas de resignada sabiduría, pero que, en verdad, a nadie consuelan: ‘¡Así lo quiso Dios!’, o bien, ‘¡líbreme el cielo!’, si por el contexto hay que entender la modalidad expresiva.

            La manifiesta originalidad de Virgilio radica en haber aplicado una expresión, que a pesar de sus diferentes variantes puede resultar convencional, a un personaje que por sus hechos y costumbres debería haber sido uno de los pocos que merecieron ser amados por los dioses (Pauci quos aequus amavit Iuppiter: Verg. Aen. 6.129); pues, es parca y ciega la fortuna[5] y no hay cosa más injusta que el éxito de un resultado aleatorio (apparebat, quo nihil iniquius est, ex eventu famam habiturum Liv. 27.44.2). Por medio de ese contraste hace patente y universaliza la desengañada y humanísima queja de que los justos, los jóvenes, los inocentes, ni nadie, en definitiva, se merece morir,[6] y acierta a expresar plenamente esa profunda simpatía por las víctimas de la fortuna que convierte la exaltación del glorioso destino de un imperio ecuménico en el poema de las lacrimae rerum,[7] pues todo acaba en las sombras del Hades, como la vida indignata del impío Turno (Verg. Aen. 12.952) con que se cierra /p. 708/ la Eneida, como la de tantos héroes cuyos cuerpos fueron pasto de perros y aves para cumplir el designio de Zeus (Hom. Il. 1.2-5). Así como en el poema de Dante, o en el Libro de Job, encontramos en la Eneida la idea de que el dictamen de la divinidad es inextricable para la mente humana, y, por la poca relevancia del concepto de culpa,[8] las desgracias personales, el golpe de Zeus de los trágicos (Διός πλαγά Aesch. Agam. 367), responden a fuerzas oscuras o demoníacas, al fatum acerbum et inexorabile, y casi siempre iniquum.

            Este lamento que trasluce un cierto reproche a la divinidad, explícito en Aen.3.1: (Priamique evertere gentem Immeritam visum superis),[9] resulta tan velado en la pietas virgiliana que no es relevante para el comentarista Servio (ad Aen. II 428, p. 286): et bene in ingenti indignatione Aeneae tamen nihil sacrilegum datur. Sin embargo, la aburrida paráfrasis de Donato sólo incide en el tono de reproche constatando con trivialidad que mueren los sin tacha y vencen los malvados[10].

            Las fuentes antiguas no dan la menor noticia de este oscuro personaje Ripheus, «el más justo y ecuánime de los troyanos», ante cuya muerte exclama el narrador la eufemística queja; pero volvemos a encontrarlo en la Divina Comedia: Dante comprendió el lamento de su dolcissimo patre y situó al pagano Rifeo en el Paraíso, junto a los cinco espíritus que forman el ojo del águila en el cielo de los justos, como un ejemplo de los caminos misteriosos e imprevisibles con que la Gracia obra en la elección de sus elegidos:

                                       Chi crederebbe giú nel mondo errante,

                                         che Rifeo Troiano in questo tondo

                                         fosse la quinta de le luci sante?

                                       Or conosce assai di quel che ‘l mondo

                                         veder non può de la divina grazia,

                                         ben che sua vista non discerna il fondo[11].

                                       [¿Quién creería abajo en el mundo errante

                                       que Rifeo el troyano, en este círculo,

                                       fuera la quinta de las luces santas?

                                       Ahora conoce mucho de lo que el mundo

                                       no puede ver de la gracia divina,

                                       aunque su vista no distinga el fondo.] /p. 709/

            Hasta aquí la peripecia literaria del justo Rifeo; pero en un rancio comentario humanista de Virgilio, debido a Germanus Valens Guellius,[12] se ofrece una conjetura sobre la identidad de este oscuro personaje. Apoyándose en la noticia de uno de los Βίoι helenísticos de Homero falsamente atribuido a Heródoto, en la cual se afirma que el poeta por excelencia dio el nombre de un médico que le había tratado de los ojos a un digno personaje secundario de la Odisea,[13] este comentarista apunta el supuesto de que Rifeo debió de ser amigo de Virgilio, y que, por ese sentimiento de gratitud que siempre inspira la amistad verdadera, prestó su nombre a este personaje ficticio que en grado sumo es ensalzado por su bondad, para que bajo este encomio perviviera su nombre:

            Solent boni vates memores accepti beneficii ab amico, ad gratiam remunerandam, eius nomen personae alicui in poëmate affingere eumque sub subiecta persona laudis elogio celebrare, ut observavit Herodotus in vita Homeri, qui oculorum morbo primum Mentoris Ithacensis beneficio curatus, sub eius nomine Mentorem quendam in Odyssea et Ulissis socium dicit et optimum et iustissimum nominat, ut cui domus suae curam Ulisses mandaverit, cuique Pallas ipsa saepe se assimilaverit. [...] Sed quorsum haec? ut verosimilem coniecturam meam faciam, contractam fuisse cum Ripheo Maroni sua aetate amicitiam, cuius eponymiam hoc praeconio prosequitur[14].

            [Suelen los buenos poetas que se acuerdan del beneficio que recibieron de un amigo, para agradecerle el favor, dar su nombre a algún personaje de la trama de su poema y, bajo este personaje, enaltecerlo mediante el testimonio de su alabanza, según observó Heródoto en su biografía de Homero, quien al haber sido curado de su enfermedad ocular por los buenos oficios de Méntor de Ítaca, bajo su nombre, introduce en la Odisea de un tal Méntor, también compañero de Ulises, y lo llama el mejor y más justo, hasta el punto de encomedarle Ulises el cuidado de su casa, y la propia Atenea, más de una vez, presentarse bajo su figura. [...] Pero, ¿adónde quiero ir con esto? A hacer verosímil mi conjetura de que, durante su vida, Marón mantuvo estrecha amistad con un tal Rifeo, a cuya representación literaria honra con esta alabanza.]

            Es obvio que con la aportación de los datos de este erudito comentario no salimos del terreno de la mera hipótesis, pero en mi fuero interno acrecienta su verosimilitud esta «cerebración inconsciente» que me hace recordar el lamento virgiliano ante el infortunio de este buen amigo que siempre me abrigó desinteresadamente con su afectuoso magisterio. Sevilla, 30 mayo 1995.

José Solís de los Santos.
Universidad de Sevilla.

     [1] Iustus, se refiere a las leyes humanas, aequus, a la ley natural. Siempre que he de escribir una traducción de Virgilio, me acuerdo de lo que me decía Gerardo Torres, un alumno mío de Historia Antigua que también se nos fue, que merece la pena aprender un poco de latín sólo para tener el gozo de leer a Virgilio en su propia lengua.

     [2] Cf. J. Perret, «Optimisme et tragédie dans l’Énéide», Revue des Études Latines 45 (1967) 342-362.

     [3] Eust. Ad Od. 1.234, 1414: ἀστείως Ὁμηρου ἐνταῦθα εἰπόντος τὸ, ἑτέρως ἐβόλοντο Θεοί, ἤγουν οὐκ εὖ. Eustathii archiepiscopi Thessalonicensis Commentarii ad Homeri Odysseam ad fidem exempli Romani editi (Hildesheim 1960 [= Leipzig 1825]) 54.9-10.

     [4] El comentario latino se debe al jesuita Juan Luis de La Cerda (1560-1643), en su P. Virgilii Maronis Priores sex libri Aeneidos argumentis explicationibus notis illustrati, I (Lyon: Horatius Cardon, 1612) 219 [BUS A 150/187].

     [5] Fortuna viris invida fortibus Sen. Herc. f. 524. Fors non aequa labori Sil. 2.5, 4.607, 5.92, 9.625, 10.201. Stat. Theb. 10.384, etc. Cf. ThlL 6.1.1182, y A. Otto, Die Sprichwörter und sprichwörtlichen Redensarten der Römer, (Hildesheim‑Nueva York 1971 [= Leipzig 1890]), s.v. «Fortuna» 2 y 5; con ello volvemos a la lengua petrificada de la dicción proverbial y de las sententiae que tan asombrosamente saben superar los auténticos creadores.

     [6] Como bien destaca A. M. Chiavacci Leonardi, en Enciclopedia Virgiliana, IV, s.v. «Rifeo»,  472-473.

     [7] Cf. el comentario a este pasaje, Aen.1.461, de W. F. Jackson Knight, Roman Vergil (Londres2 1966) 240-242; y K. Quinn, «La morte de Turno», Maia 16 (1964) 341-349.

     [8] En Georg. 1.501: satis iam pridem sanguino nostro Laomedonteae luimus periuria Troiae, alude a este sentido de culpa, colectiva en todo caso, y al mismo tiempo se rebela contra ella; cf. S. Fasce, en Enciclopedia Virgiliana, IV, s.v. «Religiosità», 430-431.

     [9] Silio Itálico, exhaustivo siempre, formula la misma queja en clara alusión a este mismo pasaje: Postquam rupta fides Tyriis et moenia castae / non aequo superum genitore eversa Sagunti (Punica 3.1-2).

     [10] Vbi ponitur hic illi visum est non iustum iudicium, sed pravae voluntatis studium et libido significatur. Denique, ut dictum est, perierunt innoxii et sceleratis vincendi copia attributa est Claud. Don. Interpretationes Vergilianae (ad Aen. II 428), § 425, p. 205. A. Weidner, Commentar zu Vergils Aeneis Buch I und II (Leipzig 1869), comentando Aen. 2.401 y en relación con esta expresión, destaca la triste experiencia del mundo precristiano, en que cuando los dioses abandonan al hombre ni la sabiduría ni el valor son capaces de salvarlo; cit. por Chiavacci Leonardi (nota 6).

     [11] Cf. Dante Alighieri, Paradiso XX 67-72; he manejado la ed. comentada de Natalino Sapegno, III (Florencia3 1985), p. 257.

     [12] Germain Vaillant de Guélis (1516-1587), cf. L’Europe des Humanistes (XIVe-XVIIe siècles), Répertoire établi par J.-F. Maillard, J. Kecskeméti et M. Portalier (Turnhout 1995) 414. Citado siempre por su praenomen latinizado Germanus; el comentario de De la Cerda (nota 4) me puso sobre la pista de esta edición de Virgilio que por fortuna también se halla en los fondos antiguos de nuestra Biblioteca: CADIT ET RIPHEUS] Coniicit Germ. in Paralip. Ripheum viventi Maroni amicitia coniunctissimum fuisse.

     [13] Se trata de Méntor, el amigo de Ulises (Od. 2.225), de cuyo aspecto se inviste Atenea (Od. 2.401) y bajo el cual termina el poema (Od. 24.548). El pasaje de Vita Herodotea de Homero se halla en T. W. Allen, Homeri opera, V (Oxford 1983 [= 1912]), 208.346-354. Fiel a un concepto erudito de la filología, Germano se extiende con otros personajes desconocidos que aquí no hace al caso mencionar.

     [14] El comentario no se encuentra en la edición sino, como indicó De la Cerda, en los Paralipomena: P. Virgilius Maro, et in eum commentationes et Paralipomena Germani Valentis Guellii, PP. eiusdem Virgilii Appendix, cum Iosephi Scaligeri commentariis et castigationibus (Amberes: Christophorus Plantinus, 1575) 595 [BUS Res. 53/2/03].

< https://www.academia.edu/12275997> Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gascó. Tomo I. Kolaios. Publicaciones ocasionales – 4.1. Amado Jesús de Miguel Zabala, Francisco Eduardo Álvarez Solano y Jesús San Bernardino Coronil (Eds.), 1995. 419 pp. ISBN: 978-84-922394-0-5 (obra completa), 978-84-922394-1-2 (tomo I).

Índice del tomo I: J. Alvar ezquerra, “Avieno, los fenicios y el Atlántico”; C. Aranegui Gascó, “Los iberos y los auspicios. A proposito de un vaso decorado de la antigua Edeta (Llíria, Valencia)”; MªL. de la Bandera Romero y E. Ferrer Albelda, “Reconstrucción del ajuar de una tumba de Cástulo: ¿inicios de mestizaje?”; M. Belén y J.L. Escacena, “Interacción cultural fenicio-indígenas en el bajo Guadalquivir”; M. Salinas de Frías, “Los elementos griegos en el libro III de la Geografía de Estrabón”; L. Ballesteros Pastor, “Heracles y Dionisio, dos modelos en la propaganda de Mitrídates Eupátor”; A. Díaz Tejera, “Los albores de la filosofía griega. Dialéctica entre mito y pensamiento”; A.J. Domíguez Monedero, “Dión de Prusa y los griegos de Borístenes”; P. Lévêque, “Le nombre et la cité”; A. Lozano, “Las mujeres en la legislación sagrada griega”; P. Pavón Torrejón e I. Pérez Martín, “La presencia de la cultura griga en Cádiz: la figura de Moderato de Gades“; D. Plácido, “Las transformaciones de la ciudad de Atenas desde el inicio de la intervención romana hasta la crisis del siglo III”; M. Romero Recio, “La presencia femenina en el proceso colonial griega”; R. Urías Martínez, “Los sofistas y la concordia”; J. Beltrán Fortes, “Sátiro cavalgando sobre un delfín. Un tema inusual en la iconografía romana”; A. Caballos Rufino, Los caballeros romanos originarios de la Provincia Hispania Ulterior Bética. Catálogo prosopográfico”; R.Mª Cid, “El filohelenismo alejandrino de Calígula y el culto de Drusila-Panthea“; J. González, “M. ACCENNA M.F.GAL.HELVIVS AGRIPPA”; R.C. Knapp, “Laborant in somniis: Local Magistrates in the West and the Imperial Service”; J.M. Ojeda Torres, “Filóstrato, VA, 5,6 y la procuratela ad ripam Baetis“; J. San Bernardino, ” La construcción de la Antiquivitas romana: culto estatal versus cultos cívicos”; MªL. Sánchez León, “Manius Aquilinus, cos. 101 A.C. y la segunda guerra servil en Sicilia”; J.M. Serrano Delgado, “La historia del intendente de Glicón: ¿una alusión a Claudio en Sat. 45, 7-9?”.

978-84-922394-2-9 (tomo II: https://www.academia.edu/12275997).

Índice del tomo II: J.Mª Blázquez, “Aspectos del ascetismo de Melania la Joven: las limosnas”; A. Bravo García, “Sueño, ensueños y demonios en Evagrio Póntico”; P.C. Díaz y R. González Salinero, Invasión y retroceso de la Iglesia en el norte de África: Quodvultdeus de Cartago frente a vándalos y arrianos”; L.A. García Moreno, “Corrientes cristianas aportadas al mundo griego por la aristocracia senatorial de Teodosio el Grande”; F.J. López de Ahumada del Pino, “El Discurso a los griegos de Taciano. Una breve aproximación histórica”; C. Martínez Maza, “Para reconcialiar lo irreconciliable: dos modelos opuestos de conducta femenina en la literatura hagiográfica”; J.C. Sánchez León, “Un caso de indisciplina en el antiguo cristianismo bretón: los sacerdotes Lovocat y Catihern”; M. Sotomayor, “Los cristianos ante el culto a los emperadores”; A. Alvar Ezquerra, “Aen. I: propuesta de traducción ritmica”; M. Brioso Sánchez, “Las Dionisíacas de Nono de Panópolis: ¿de la épica objetiva a la épica subjetiva?”; J.M. Cortés Copete, “Hablar de Dios para elogiarse a sí mismo. Una lectura de los Discursos Sagrados de Elio Aristides a través de Plutarco, Mor. 539-547″; M. Díez de Cerio Díez, “Los sub-generos de epigrama descriptivo y epidíptico en Ánite de Tegea”; J. Fernández Valverde, “Las fechas de la vida de Marcial”; A. González-Cobos Dávila, “Reflexiones sobre la problemática historiográfica de la Historia de Herodiano”; F.-G. Hernández Muñoz, “Variantes textuales en dos manuscritos españoles del rétor Menandro”; D. López-Cañete Quiles, “Ars Poetica 52 ss. y el prólogo de Casina“; J. Martínez Pinna, “Nota a Helánico, fgh 4f84: Eneas y Odiseo en el Lacio” A.J. de Miguel Zabala, “Egipto en las Imagines de Filóstrato”; A. Ramírez de Verger, “A note on Ovid. Remedia Amoris 565-6″; M. Rodríguea Pantoja, “Acerca de los prólogos en la historiografía romana”; J. Solís de los Santos, “Dis aliter visvum (en torno a un lamento por la injusticia de la vida)”; A. Villarrubia, “Nono de Panópolis y el escudo de Dioniso”; R. Baltar Veloso, “Abondados de mieses y bastidos de caballos”; J.C. Bermejo Barrera, “Historia y teoría”; R. Cómez Ramos, “Arte y reforma protestante: la crucifixión de Lucas Cranach del Museo de Sevilla”; J.A. Estévez Sola, “Notas para una edición de la Historia Silensis“; Emma Falque, “Lucas de Tuy en Sevilla”; V. Fombuena Filpo, “Antonio Jacobo del Barco y los orígenes de Huelva: debate historiográfico”; J. Gil, “De camellos y caballos”; C. González Wagner, “Precios, ganancias, mercados e Historia Antigua”; V. Lleó Cañal, “Las cenizas de Trajano”; MªC. Marín Ceballos, “La diosa leontocéfala de Cartago”; J.L. Moralejo, “La etimología del español conchabar(se)“; S. Ordóñez Agulla, “J.A. Ceán Bermúdez y el Sumario de las antigüedades romanas que hay en España: unas notas”; A. Prieto; “El cristianismo en el cine: Fabiola (1948)”; J.C. Rodríguez Estévez, “El acueducto de San Juan de Aznalfarache y la construcción de la Catedral de Sevilla”; P. Rodríguez Oliva, “El Jarro de Trigueros (Huelva): Un vaso moderno que se creyó romano”; M. Seco Álvarez, “Representaciones de niños en las tumbas privadas de Tebas del Reino Nuevo: escenas de banquetes”; F. Socas, “Remedios de amor en una carta de Eneas Silvio Piccolomini”.