José Solís de los Santos, «Vaticinio de Lepanto en la octavilla de un catedrático de latín (Madrid. Biblioteca Zabálburu, Altamira 154/106)», pp. 233-241, en Librorum custos. Estudios en homenaje al profesor Julián Solana Pujalte, Francisco Sánchez Torres, Alberto Romero Criado (eds.), Córdoba: UCOPress. Editorial Universidad de Córdoba, 2024. ISBN: 978-84-9927-854-4, e-ISBN: 978-84-9927-855-1. https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=1015075
VATICINIO DE LEPANTO EN LA OCTAVILLA
DE UN CATEDRÁTICO DE LATÍN
(Madrid. Biblioteca Zabálburu, Altamira 154/106)
José Solís de los Santos
Universidad de Sevilla
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Resumen
Edición, traducción y comentario de un epigrama latino impreso en Sevilla en 1570 (Castillejo 920) con un comentario sobre el círculo humanista de Juan de Mal Lara.
Palabras clave: Sevilla, siglo XVI, imprenta, Felipe II, poesía humanística, Juan de Mal Lara.
Abstract
Edition and Spanish translation of a Latin epigram printed in Seville in 1570 (Castillejo 920) with a commentary on the humanist circle of Juan de Mal Lara.
Keywords: Seville, 16th Century, Printing Press, Philip II, Humanistic Poetry, Juan de Mal Lara. /p. 234/
1. Localización, edición y traducción de la hoja impresa
En la Biblioteca y Archivo Francisco de Zabálburu, Madrid, se conserva el único ejemplar de una hoja impresa sin indicaciones tipográficas que ha podido ser registrada con el nombre de su autor en el año 1570 por el repertorio La imprenta en Sevilla en el siglo XVI (Castillejo Benavente, 2019: nº 920, II, pp. 1078-1079), sin otras citas ni referencias. La descripción del folio impreso en letra redonda ha sido “cotejada mediante reproducción” (Castillejo Benavente 2019: I, p. 199), pero el documento 106 de la carpeta 154 del fondo Altamira consiste en un pliego de 39,5 x 29,3 cm, cuyos dos folios rectos, de 19,7 x 29,3, han sido impresos con el mismo texto en dos tiradas diferentes de la misma caja de 15,5 x 24,5 para cada cara del pliego, con el fin de obtener dos copias del mismo texto al cortarse por su mitad los pliegos una vez impresos. En la segunda plana se hace visible la filigrana de la típica mano con guantelete con una estrella o flor de cinco puntas en el extremo del dedo anular. Al reverso del segundo folio se lee en nota manuscrita: Versos cathedratico de Seuilla / a la entrada del Rey. Quien me facilitó esta descripción externa del impreso ha sido quien ha ofrecido hasta la fecha una más extensa relación de los contenidos de esa carpeta 154 del fondo Altamira, un cartapacio titulado Diversos de curiosidad, compilado por el secretario real Mateo Vázquez (Gonzalo Sánchez-Molero, 2010: 149-152, n. 245), que, posteriormente, ha sido citado en la edición y estudio de otro de sus inéditos (Escobar Borrego 2017: 21, 58, 71). En ninguna de estas dos publicaciones se habla de estos Versos cathedratico de Seuilla a la entrada del Rey, cuya procedencia entre los papeles del secretario regio y el acontecimiento de la única visita a la ciudad del monarca confirman el año de publicación, por más que no pudiéramos asegurar el taller de impresión mediante el análisis de la letrería y el escaso ornamento de pequeñas hojas de hiedra que me pareció apuntar, pace bibliographica, a la misma imprenta de Juan Gutiérrez de la que salió Laconismus, del jurista Luis Mejía Ponce (Castillejo Benavente, 2019: nº 897, II, 1045-1048). He aquí la edición y traducción de la hoja volandera:
DIVO PHILIPPO / HISPANIARVM REGI / POTENTISSIMO CAES. AVG.
Sua Hispalis.
Tene ego ter felix, regum rex maxime, tene
fortunata oculis cerno, Philippe, meis?
Divinamne tuam faciem verumque Philippum
delicias quondam Caesaris intueor?
An me decipiunt vanis speciosa figuris 5
somnia, quae vultus opto videre tuos?
Non ludor certe falsis: sunt omnia vera.
Ipsa ego quem genui, magne Philippe, venis.
Sit tuus adventus, sit felicissimus, et sint
felicis vitae tempora longa tuae. 10
Te veniente, tuus populus sit victor: et armis
Austriaci cedant impia castra ducis.
Vincat maiestas: vincant tua sceptra tyrannos:
auspiciisque tuis Regia vincat avis. /p. 235/
Spurca tuo adventu Mahometi et caeca propago, 15
et pereat mediis Turcica classis aquis.
Te veniente, cadant Romani antistitis hostes:
Vt, tua quae fuerim, sim tua perpetuo.
FRANCISCVS SAN- / CHIVS, CATHEDRARIVS / Hispalensis faciebat.
Al divino Felipe, rey de las Españas, augusto césar poderosísimo, su Sevilla: ¿Es que yo, tres veces feliz, no te veo, afortunada, con mis propios ojos a ti, Felipe, el más grande los reyes? ¿Acaso no contemplo tu divina faz y al verdadero Felipe, otrora el favorito del césar? (5) ¿Acaso me engañan con sus vanas figuras aparentes ensueños a mí, que deseo ver tu rostro? En realidad, no me engaño con falsedades: es todo verdad. Vienes, oh gran Felipe, tú, a quien yo misma engendré. Sea tu llegada, sea felicísima, y sean (10) largos los años de tu feliz vida. Llegando tú, tu pueblo sea victorioso, y ríndase el ejército infiel ante las armas del caudillo austríada. Venza la majestad, venzan tus cetros a los tiranos, y venza tu regia dinastía con los auspicios de tus ancestros. (15) A tu llegada, la inmunda y ciega prole de Mahoma y la flota turca perezcan en mitad de las aguas. Llegando tú, caigan los enemigos del romano pontífice, así que sea para siempre tuya yo, que lo fui. Francisco Sánchez, catedrático sevillano, lo compuso.
El epigrama de nueve dísticos elegíacos adopta la forma compositiva de poema de bienvenida (Cairns 1972: 21-23), cuyo elemento de salutación se encuentra personificado en el mismo lugar donde es acogido el visitante, estableciéndose con esta prosopopeya las razones del vínculo de afecto a través de una primera parte de admirado reconocimiento (1-9) seguida de una exposición desiderativa (10-18) en la que se alude a la solemne llegada con rasgos de himno a la divinidad (11, 17).
2. El cronista oficial del recibimiento y proyecto regios
La visita y estancia en la ciudad de Sevilla que llevó a cabo Felipe II desde el 30 de abril al 15 de mayo de 1570 fue relatada en una obra maestra del género que es, al mismo tiempo, un ilustrado estudio corográfico del antiguo reino de Sevilla:
Recebimiento que hizo la muy leal Ciudad de Sevilla a la C.R.M. del Rey D. Philipe N.S. Va todo figurado. Con una breve descripción de la Ciudad y su tierra. Compuesto por Iuan de Mal Lara, Sevilla: Alonso Escrivano, 1570 (Castillejo Benavente 2019: nº 912, II, pp. 1069-1071).
En la descripción de los arcos triunfales de la capital aparecen cuatro epigramas de dos dísticos cada uno en los que leemos el mismo recurso de la prosopopeya pero sin la referencia a la lucha naval contra el turco de los versos 11 a 16 que por entonces se preparaba:
SEVILLA. Ingredere o fausto mihi rex, o sidere felix. Hispalis obsequio, atque fide quibus inclyta semper. Hispalis en fidum populum, fidumque senatum. Hispalis ecce tuo aduentu, aut laeta frequenteis (Mal Lara 1570: ff. 153v, 155r, 158v, 159v. Bernal Rodríguez 1992: 191-198). /p. 236/
Pero al humanista Juan de Mal Lara (1526-1571) también encomendaron el exorno de la galera capitana desde donde el generalísimo de la Santa Liga habría de dirigir la campaña naval contra el Imperio otomano que se culminaría en la batalla de Lepanto (7-X-1571), y si bien esta otra “relación y apuntamiento” quedó sin la imprenta, en aquellas fechas esos versos latinos debieron de tener amplia difusión, dado el espíritu colaborativo con que este humanista sevillano emprendía sus proyectos editoriales al compartir su elaboración “con algunos hombres cultos de esta ciudad” (Carande Herrero 1990: 24).
3. Coincidencias paratextuales
El maestro Mal Lara había coincidido con el catedrático Francisco Sánchez en los preliminares de una publicación financiada por el propio autor, el letrado Alejo Salgado Correa, Libro nombrado regimiento de juezes, Sevilla: Martín de Montesdoca, 1556 (Castillejo Benavente 2019: nº 784, II, pp. 932-933). En el epígrafe de su impecable y exhortativo epigrama de seis dísticos apareció el destino donde ejercía su oficio docente: “Franciscus Sanchius grammatices professor in Academia diui Michaelis” (Wagner 1982: 72. Solís 1990: 240, n. 18. Pascual Barea 1991: 584-585). Ese Estudio de San Miguel, la institución educativa más antigua de Sevilla (Sánchez Herrero, 1984: 875-898. Moreno de la Fuente, 1995: 336-338), dependía del Cabildo catedralicio pero pagaban, en una especie de régimen concertado, las arcas municipales, con una cuantía anual que no llegó a superar los mil maravedís durante el siglo más boyante de la economía de la gran metropoli (Gil, 1991: 260, 266). A título meramente informativo, el autor del libro, asesor letrado de la Casa de la Contratación, contaba con un sueldo aprobado por Real Decreto de 200.000 maravedís y una casa que alquilaba la misma institución por 130 ducados anuales (Barrientos Grandon 2013: XLV, 280-281). Pese a esta penuria, aun mitigada por la obligatoriedad de alojamiento en las instalaciones escolares, debió de ser un puesto codiciado, habida cuenta de las personalidades que lo desempeñaron con tan buenas muestras de su competencia en este tipo de publicaciones (Pascual Barea 1991: 567-599). Otra colaboración paratextual del catedrático se halla en la edición de 1570, casi tres meses antes de la hoja volandera, de Silva de varia lección de Pedro Mejía (1497-1551), en el taller de Fernando Díaz (Castillejo Benavente 2019: nº 908A, II, pp. 1060-1064), con dos epigramas de cinco y tres dísticos cuyo primer epígrafe ostenta un raro gentilicio además del conocido rango académico: “Francisci Sanchii Viniensis Cathedrarij Hispalensis Epigramma”. Ambos epigramas se reproducen en la edición de Silva de varia lección de 1587 (Castillejo Benavente 2019: nº 1125A, 1125B, II, pp. 1312-1315) y han sido cotejados y traducidos en el estudio de la composición del epitafio del prócer y cronista sevillano que confeccionó su heredero en 1586 a base también de otros epicedios preliminares (Pascual Barea 1993: 322, 327-328, n. 9). /p. 237/
4. Desencuentros con otros “académicos” de Mal Lara
El resto de la producción del latinista Francisco Sánchez se encuentra sumido en el pozo sin fondo de la posteridad inédita, por más que la documentación de archivo sigue proporcionando datos reveladores de concomitancias a veces lastimosas con el principal círculo humanístico de la ciudad. Por las actas de sus patronos sabemos el año de su defunción, 1580, cuando lo sustituyó en la cátedra el maestro Francisco de Medina (Vranich 1997: 148, n. 2), que debutaba en la imprenta con el famoso prólogo en las Anotaciones a las obras de Garcilaso de Fernando de Herrera.
Lunes, primero de agosto de 1580. Este dicho día estando congregados los d.chos Ss. Deán y Cabildo de esta d.cha Sancta / Yglesia en su lugar capitular como d.cho es, propuso el Sr. Don Fran.co de Ribera / maestrescuela de esta S.ta Yglesia el nombramiento que havía hecho en persona / del Maestro Medina para letor de la Cáthreda de S.t Miguel que está / vaca por muerte de Fran.co Sánchez, y el Cab.do vuo por bien. (A.C.S., Actas Capitulares 1580-1581. Sección I, libro 34, f. 24r).
Otro asiento de las mismas actas capitulares nos muestra el celo del Cabildo en las reclamaciones sobre actuaciones en la residencia de sus profesores:
Viernes, xiij de agosto de 1563. Pre.do el Sr. Arz.po de Seuilla. [Al margen: Comission sobre el / studio] El dicho día estando los dichos ss. como dicho es / ayuntado, hauiendo oydo la petición que Fran.co [borrado Alonso] Sánchez / de Montesdoca, cathedrático del Studio de Sant Miguel, / dio sobre el agravio que recibe de cierta ventana y / chimenea que Juan Terçero, platero, ha hecho al dicho / Studio, tratando sobr’ello lo cometieron a los señores / chantre y Gonçalo Brizeño, mayordomo de fábrica, / y Luis Carrillo, canónigos, para que vean y entiendan / en lo contenido en dicha petición y refieran. (A.C.S., Actas Capitulares 1562-1563. Sección I, libro 27, f. 206v).
La mención de su afiliación completa en este asiento ha sugerido algún parentesco con el impresor del libro donde consta su epigrama preliminar de 1556 (Gil 2022: 90-91), pero la temática religiosa de sus publicaciones, cercana al foco heterodoxo que será perseguido por la Inquisición a partir de 1558 (Wagner 1982: 37-39), contrasta con los motivos por los que el catedrático de San Miguel se vio involucrado con otro integrante de dicho círculo literario, el futuro canónigo Francisco Pacheco (1535-1599), en dos obras entre polémicas o festivas de 1565 y 1568, la Macarronea y la Sátira contra la mala poesía, respectivamente. De la más antigua también se ha conservado copia fechada en Sevilla, a 7 de marzo de 1586, en un cartapacio de la misma Biblioteca Zabálburu, fondo Altamira 245/5, ff. 73r-81r, en cuyo índice se encuentra registrada taxativamente como “Macarronea de Francisco Pacheco a Francisco Sánchez” (Montero, Solís 2005: I, 646). Se trata de una copia en la que algún otro asiduo de aquel círculo de eruditos hispalenses ha introducido comentarios para despejar, veinte años después, pasajes y personajes de este esperpéntico subgénero poético, /p. 238/ y a la que ha antepuesto una especie de presentación que justifica el título del índice (Montero, Solís 2005,I: 648-649):
Francisco Sánchez fue un gramático muy arrogante y sober- / bio catredático de san Miguel al tiempo que Pacheco escriuió esta macharronea y con quien él estaba muy mal, muéstralo bien en las / muchas veces que le maltrata. Éste hizo en la muerte de / un alcalde de la Audiençia de Seuilla un epigramma que empeça- / ba: Quam sint res hominum fragiles, quam mente caduca etc / el qual epigramma mete aquí algunas veçes Pacheco burlan- / do dél principalmente todo este verso entero [v. 462] y en otra parte / donde dize: [v. 100] Moçaraues Muβae dicentes jura popello, y por / que deçía el grammático en el epigramma que hirió la muerte / a aquel Alcalde dicentem jura popelo, sobre lo qual hizo en otra parte Pacheco un dísthico que decía:
Carmine qui curtus dicit Hispalim eβe Popellum,
Quid Mançanillam dixerit ille suam?
Porque era el Fran.co Sánchez natural de una aldea de / Seuilla que se llama Mançanilla, en la sátira lo / refriega también ásperamente debaxo del nombre del Padre / de Gerundios; auiso desto porque se entienda con más gusto.
La nota de envío del final del documento (f. 81r) consiste en ocho renglones sin firmar, en los que se manda el poema macarrónico a un destinatario fuera de Sevilla que tampoco se nombra, y este anonimato junto con la declaración de su calidad literaria y fidelidad de la copia ha hecho pensar que sea el propio Pacheco el autor de tan minucioso comentario (Domínguez Leal 2007: 102), aunque tampoco faltaron a este fino humanista incondicionales que ponderaran sus obras en gran parte inéditas o igualmente anónimas por su carácter de inscripción pública. Entre sus admiradores a ultranza figura el racionero Francisco Porras de la Cámara (ca. 1560-1616), en cuyo “elogio” en su perdida Floresta cervantina proporcionó las primeras noticias de la Sátira de Pacheco y la identificación “del padre de gerundios” con el latinista “Francisco Sánchez, cathedrático de San Miguel” (Gallardo 1835: 19 y Rodríguez Marín 1907: 3, 475).
La pulla contra el catedrático de latín no puede ser más sangrante, pues coloca ese hemistiquio de la necrológica en boca de las musas macarrónicas en el peor y más peligroso de los sentidos al vincularlas doblemente a la falta de linaje genuinamente cristiano mediante el sintagma “Mozárabes Musas” y el adjetivo curtus, 'corto', que se usa en latín clásico para la acepción de castrado o circunciso, como en Horacio, Sátiras I, 9, v. 70, “curtis Iudaeis”. El sentido del dístico, que desbarra en la escansión de dicit como pirriquio, pues la ‘a’ de Hispalis es larga en los casos oblicuos, es: “El judío que dice en un poema que Sevilla es un populacho, ¿cómo habría llamado él a su Manzanilla natal?” (Montero, Solís 2005.I: 650). Podría haberse reemplazado dicit por ait, con igual significado (Cármine quí curtús ait Híspal(im) ésse popéllum), aun considerando el alargamiento anómalo de curtus ante cesura pentemímera que vemos en el famoso entimema: Omnia vincit amor, et nos cedamus amori (Verg. Buc. 10.69), por más que dicha sílaba ante cesura sea larga por naturaleza. Este lapsus en que incurre el anónimo comentarista de 1586 —tal vez el ‘hereje’ Fernando de Guzmán Mejía— lo alejan de ser identificado /p. 239/ con los que ostentaban un probado dominio en la prosodia y métrica latinas, como Fernando de Herrera, Diego Girón, Francisco de Medina y, por encima de todos, el mismo Pacheco.
Mejor que haya quedado inédito este defectuoso epigrama, ajeno al contexto ficcional de la Macarronea, aunque venga a sugerir una explicación del inusitado gentilicio Viniensis, “de la Viña”, con que el buen latinista Sánchez se firmó en el doble epicedio que le encargó el hijo de Pedro Mejía (Pascual Barea 1993: 327). En el Recebimiento de Felipe II la localidad de Manzanilla aparece también personificada en una “muger [...] tiene ambas manos ocupadas con un plato de uvas, por aver muchas Viñas en su tierra” (Mal Lara 1570: ff. 86v-88v). Es posible que el latinista paisano interviniera en el epigrama que acompaña dicha figura puesto que se cierra con la misma convención de personificación y ofrenda que la octavilla: Rex, mihi si quid opis, dedita vivo tibi (“Rey, si algún valor tengo, vivo en tu servicio obligada”, Bernal Rodríguez 1992: 128), pero la alusión post fortunam a la victoria naval del octavo dístico de este desconocido impreso nos ha servido para titular esta colaboración, por no escatimar a esta modesta composición el carácter profético que por tradición se dispensa a la más elevada poesía.
5. Conclusión
El análisis de este material inédito, que pude examinar de manera presencial gracias, indirectamente, a Julián Solana, muestra, además de la consabida subordinación del mundillo cultural de la gran metrópoli de España al poder nobiliario y cortesano, una red de relaciones y contactos entre grandes figuras del Siglo de Oro que está aún por indagar y a la espera de fuentes documentales o testimonios contrastables en los restos de las bibliotecas históricas que viene estudiando el profesor Solana. Piénsese en Cervantes, tanto por Lepanto, en lo que debió de asesorar a Fernando de Herrera para la refundición en la desaparecida Historia general del mundo de la Relación de la guerra de Cipre, como por el hecho de que en esta misma colección de la Biblioteca Zabálburu se ha reencontrado su Epístola a Mateo Vázquez, amén de la muy probable asistencia del “amado discípulo” de López de Hoyos en la “Academia” del príncipe don Carlos (Gonzalo Sánchez-Molero 2010: 195). El sevillano conde de Gelves, gentilhombre de cámara del malogrado príncipe de Asturias, había abierto las puertas de la Corte a Juan de Mal Lara (1566) para la publicación de sus dos magnos poemas, La Psyque y Hércules animoso, que, obviamente, se quedaron inéditos durante 450 años (Solís 2021: 86). Tal vez la relación de la visita regia de 1570 y el exorno iconográfico de la galera de don Juan de Austria fuera una compensación por aquel revés editorial.
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